La discriminación de la mujer en América Latina

Este articulo sintetiza el capítulo del mismo nombre que forma parte del libro DISCRIMINACION Y RACISMO EN AMERICA LATINA, compilacion a cargo de  I.Klich y M.Rapoport, editado por el grupo Editor Latinoamericano.

Previamente fue presentado en el Panel del  Seminario Internacional que se ocupó de Discriminación y Racismo en América Latina, preparado por el Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la Facultad de Ciencias Económica de la Universidad de Buenos Aires, en 1994
Fue necesario que los organismos internacionales, Naciones Unidas, Unesco y OEA, a partir de 1975, advirtieran acerca de la discriminación de la mujer para que los gobiernos de distintos países comenzaran a escuchar los reclamos que los movimientos de liberación habían iniciado a mediados del Siglo XIX. Fue preciso propiciar el Decenio de la Mujer que, iniciado en 1975, convocó a su reunión de clausura en Nairobi en 1985 y redactar, en 1979, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Ginebra) para que el mundo comprendiese que la Declaración Internacional de los Derechos Humanos precisaba refinar sus concepciones: las evidencias mundiales acerca de la discriminación contra el género mujer ponen de manifiesto que el hecho de ser humanas no les garantiza el disfrute de esos derechos.

Las mujeres son consideradas humanas en abstracto o en gramática , cuando se las incluye en el sustantivo “individuo” puesto que, en tratándose de tortura, coerción, abuso sexual, hambre y privación económica, las mujeres de todo el mundo son sometidas en formasistemática, por el hecho de ser mujeres.

(…) (…)El documento CAUCUS de Mujeres, elaborado por representantes de 23 países, reunidos en Nueva York, preparando su participación para esta Reunión Cumbre afirma: “Las mujeres, especialmente las del Tercer Mundo y las de color, no sólo hemos sido las víctimas de políticas que exacerban los problemas de la violencia y la pobreza y la segregación: los hemos enfrentado y dentro de ese proceso hemos mostrado caminos hacia el desarrollo humano sustentable”.

Y del documento redactado por las ONG de América Latina y el Caribe, reunido en septiembre de 1994 en Mar del Plata, preparatorio para el Encuentro de 1995 en Beiging, resalto dos puntos para esta presentación:

1) “si bien se debe explicar la violencia de género en términos de las relaciones jerárquicas entre hombre y mujer, no se debe simplificar la problemática (…). Es fundamental analizar los factores catalizadores que inducen al comportamiento violento, entre los que figura la creciente tolerancia a una cultura de violencia en la región.

2) Se recomienda que las leyes destinadas a erradicar la violencia contra la mujer reflejen la realidad de quiénes son los agresores y quiénes las víctimas y tengan en cuenta para aplicarlas, los recursos existentes y las actitudes sexistas de los ejecutantes de las mismas.”

Hizo falta que Unesco creara los Estudios de la Mujer como postgrado académico para que las Universidades de distintos países incorporaran el tema en sus curricula.

Hasta aquí una introducción para situar el tema discriminación contra la mujer en un contexto internacional.

Una de las versiones del concepto de género -actualmente discutido pero que incluyo para unificar criterios al respecto- es el que se refiere a “la construcción cultural del sexo biológico: cada uno se define por oposición al otro; en este caso la diferencia biológica da lugar a una desigualdad social”. “El resultado de esta construcción es una asimetría estructurada para acceder a los recursos, lo cual genera privilegios y dominación masculina y subordinación femenina, universalizándose la asimetría en los valores culturales y en la importancia asignada a cada género”.

Actualmente no partimos de una idea que plantee un mecanismo único y privilegiado de discriminación de las mujeres, localizable en distintas tareas, ya sea en el trabajo extradoméstico, la familia, etc. sino que nos referimos a los mecanismos sociales por medio de los cuales la categoría mujer es producida e inserta en procesos históricos.

O sea, interesa analizar desde qué perspectivas se produce, cotidianamente, la categoría mujer; para ello es preciso reconocer la importancia concreta y simbólica que se otorga al rol materno en desmedro de otros posicionamientos posibles para las mujeres y que resultan sobredeterminados por ese privilegio de lo maternante, al situar a la mujer en la posición incanjeable de la reproducción y la domesticidad. De este modo las diferencias entre los géneros conducen a una división sexual que desemboca en la discriminación de las mujeres, como si el nerviosismo, la histeria, la estupidez, la frivolidad y otras caracterizaciones pudiesen considerarse inevitables y naturales del género.(…)
Distingo entre violencia y discriminación: entiendo que la discriminación es una categoría de la violencia, lo cual constituye un proceso más abarcativo. La discriminación no busca la aniquilación del discriminado, como sucedió con las violencias genocidas, la discriminación en el tema que me ocupa precisa la explotación del discriminado y especialmente, busca encontrar el placer que produce posicionarse en el lugar del poder del que dispone quien discrimina.(…)

Quien discrimina es quien dispone de la posibilidad de imponer órdenes, ya sea a través de la legitimación o legalización de las mismas o de su ejecución. La discriminación define quiénes serán las excluidas de determinados lugares o posibilidades y genera una burocracia de la discriminación, que es la que se pone en marcha cuando, desde el ejercicio del poder, se decide que las mujeres no podrán asumir cargos gerenciales o no serán nombradas como profesoras titulares en las universidades. O no ocuparán la función pública o no dispondrán de oportunidades en los partidos políticos. La discriminación forma parte de las violencias simbólicas(al decir de P. Bordieu), intentando imponer una supuesta racionalidad que explica la limitación de aquellos/as a quienes se define como inferiores o incapaces.

(…)La discriminación puede tener características expulsivas, produciendo la huida o emigración de determinadas etnias o de los judíos pero no logra imponerse de ese modo respecto del género mujer, ya que el género mujer constituye el 52% de la población mundial. Y porque, además, no somos sustituibles por otra instancia humana, como los judíos o los negros pueden ser sustituidos por otras personas. Es decir, se trata de una diferencia entre una discriminación sexuada y otra de índole étnica o cultural.

La que sobrellevamos es una índole de discriminación que genera espacios vedados para las mujeres latinoamericanas, que se diferencian de nuestras congéneres del Primer Mundo por múltiples razones, una de ellas la falta de conciencia acerca de la igualdad de oportunidades y por el peligro de ceñir sus vidas a la resignación propuesta por las políticas de la pobreza y de las prepotenciaspatriarcales.
(…)Las mujeres latinoamericanas fuimos discriminadas dada nuestra condición de género y por pertenecer a un área del Tercer Mundo, empezando por los procedimientos utilizados por los españoles durante la conquista (1492 en adelante). (…)

El papel preponderante de la religión católica marcó el posicionamiento de las mujeres no sólo como madre sino como servidora del varón: así lo hizo desde los tiempos de la conquista y de este modo se mantuvo a lo largo de los siglos, más allá de las modificaciones que las vanguardias del catolicismo intenten promover. La castidad, la sumisión al varón y la obediencia constituyeron ordenadores fundantes en la construcción de la subjetividad femenina y mantienen su eficacia, salvando las excepciones promovidas en algunos segmentos culturales .

América Latina convertida en proveedora de materias primas, de productos naturales no renovables que en poca y ninguna medida logran desarrollar industrias, incorpora el trabajo de las mujeres como mano de obra no calificada, fenómeno que persiste al mismo tiempo que, al limitar o impedir su acceso a la educación, las coloca en situación de inermidad para defender sus derechos, o a aspirar a posiciones de mayor rango. Mientras así continua sucediendo, en los países centrales los movimientos organizados por las mujeres fueron logrando legislaciones prometedoras.

(…)El trabajo realizado por las mujeres fuera del hogar, también resulta invisible para las estadísticas, ya se trate de trabajadoras en áreas rurales o urbanas. Así se desprende de los censos de población realizados entre 1970 y 1980, que indican el subregistro de las trabajadoras . También se define la discriminación a través de las ocupaciones denominadas femeninas: enfermeras, maestras, secretarias, empleadas de servicio doméstico, es decir, profesiones y ocupaciones subcalificadas.

La discriminación en el área trabajo también se reconoce en los diferentes salarios, más bajos para las mujeres, aunque realicen el mismo trabajo que los hombres, lo cual es violatorio de la legislación imperante en la mayoría de los países de la región pero es un fenómeno incorporado en el imaginario social como un hecho natural . Podemos enriquecer esta somera enunciación advirtiendo otro fenómeno: cuando se busca trabajo, innumerables avisos que así lo solicitan demandan “señoritas de buena presencia”, lo que en algunos países implica la discriminación de la mujer aborigen .

(…)Quiero finalizar con una advertencia metodológica: el planteo original de los movimientos de liberación y de los estudios de género debieron centrarse en las denuncias acerca de la subordinación y la opresión, que no es la misma que sobrelleva el obrero explotado,quien al volver a su casa subordina o explota a su mujer . No podemos hablar de una total pasividad del género, manteniéndose exclusivamente en ese papel sino que, en distintas instancias, las mujeres produjimos movimientos, reclamos, demandas destinadas a resistir las políticas discriminatorias(…)

En América Latina hemos avanzado en lo referente a nuestra participación en los foros internacionales: nos hacemos escuchar para que la igualdad de oportunidades superen su condición retórica y se constituyan en realidad. Hemos avanzado en las alianzas con hombres lúcidos y en la creación de espacios de poder político(…) Y también debemos enfrentarnos con quienes insisten en que la categoría de humano o de Hombre, como un universal, es abarcativo del género mujer, porque parece que no advirtieran que, el solo hecho de universalizar a través de un género: el Hombre, implica un sexismo indubitable.

Del mismo modo, “lo humano”, sin desagregar la especificidad de los problemas del género mujer, es sólo una declaración destinada a invisibilizar los efectos de los abusos sobre las mujeres. Estos fenómenos en América Latina forman parte de una trama que se alimenta de la pobreza y de la condición de Tercer Mundo desde donde se espera que hombres y mujeres continúen entrenándose en ser violentados o en padecer discriminaciones. A pesar de lo cual, pacíficamente, tozudamente, políticamente, el género mujer denuncia, construye y propone nuevas políticas, destinadas a desactivar la discriminación.

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