La retractación

Por Eva Giberti.
Revista Derecho de Familia Nro 69,mayo 2015 Area Doctrina, Bs.As.

Etimología
Del latín traho deriva en tracto, tractare, retraerse y retractarse. Quiere decir volver atrás de lo convenido, retirar la palabra, retirarse de modo solemne, definitivo. Implica nulidad, contradicción, un mentís. Y es un castigo que las leyes pueden imponer, una condena que impone un juez. Revoca expresamente lo que sí se ha dicho. (Real Academia de la Lengua Española).
Quien es la persona que se retracta:
Aquella que no soporta su afirmación inicial:
1) porque comprende que se equivocó
2) porque teme las consecuencias de lo dicho
3) porque no tolera en su pensamiento y sensaciones la vivencia de haber falseado los hechos en su versión inicial,
4) porque se arrepiente al haber perjudicado a alguien cuando habló inicialmente
5) vergüenza social.
En los historiales de violencia familiar la persona que se retracta después de haber instalado la denuncia, es la mujer. Esta retractación es un paradigma de la historia de esta índole de violencia. Para estudiarla y evaluarla es preciso conocer la situación de la mujer y características básicas de su subjetividad, y sin que para ello sea preciso realizar un psicodiagnóstico, es posible llegar a considerar cual sería la validez de dicha retractación.
En caso que la misma, según el juicio de la autoridad legal, no fuese considerada pertinente, las técnicas del derecho ofrecen las alternativas posibles. Pero previamente es preciso generar un circuito de escuchas en el que se inscriben las retractaciones de la que considerábamos víctima hasta ese momento:
Repentinamente niega, o sea dice que no es aquello que primero afirmó que era. Desconoce su afirmación primera y argumenta:
“Me equivoqué” , y si se trata de violencia familiar “No fue para tanto, no me pegó, solo me empujó” O bien” No me amenazó con matarme, dijo que no me aguantaba más, “,”No me pateó la panza cuando yo estaba embarazada , yo perdí al bebe porque me caí por la escalera”, “No quise decir que él es siempre violento y nos pega a mí y a los chicos, quise decir que a veces se pone nervioso”, “No es que no me deje salir para visitar a mis padres o amigos, en realidad soy yo que no me hago tiempo para salir de casa…”
Esta es una índole de retractación que sobrepasa lo verosímil. La verosímil es aquello que puede ser creído y dado por verdadero sin necesidad de una prueba fehaciente. En estos ejemplos no hay rasgos de verosimilitud si se compara la acusación inicial con el pliegue mediante el cual ella intenta ocultar la escena que describió inicialmente.
Estos contraargumentos, cuyo denominador común es el desdecirse de lo anteriormente afirmado conforman un verdadero diccionario de negaciones, todas ellas sustituyendo una afirmación primera por otra, secundaria. Como si desde la lógica formal dijera “no es verdad que me golpea, me lastima, me tuvieron que hospitalizar.” O sea es el factor negativo de la lógica formal. No es verdad aquello que dije en otro tiempo y en otra circunstancia: “Yo dije que me pegaba y mostré evidencia pero no era cierto lo que entonces dije. Ahora digo que él no me pega y no es violento Luego, me retracto de los afirmado” Por lo ¿cuál es el destino de lo afirmado inicialmente que ya tiene entidad de denuncia judicialmente recogida?
Debería ser deshecha, des-inscripta, merced a la palabra de alguien que ya se autodefine como persona que falsea los hechos. ¿Qué credibilidad concederle a la nueva palabra de la misma persona? Y si se la cree, lo dicho anteriormente se desestima con una frase en el expediente, que sería retractación o denuncia que ha caído por inconsistencia o por solicitud de la demandante. De este modo la denunciante queda ante el tribunal habilitada como tonta, confusa y persona molesta para la ley. Ante sí misma, avergonzada y tranquila porque nada de lo temido se le volverá en contra: su compañero no la golpeara hasta lastimarla nuevamente esta vez por haberlo denunciado, ni le dirá a los hijos que la madre es una loca por haberlo denunciado. También queda ante sí misma con patente de víctima en una encerrona de la que sabe no podré salir, Porque ensayó sus fuerzas y comprendió que no dispone de ellas.
Las diversas retractaciones dependen de quienes sean aquellas mujeres que eligen hacerlo. Ellas producen la necesidad por parte de jueces y fiscales de darse cuenta a quien tienen delante, mujeres diferentes entre ellas
No todas las victimas provienen de una misma historia personal ni emergen desde un psiquismo homogéneo entre ellas. Aquellas mujeres que se atreven a denunciar después de diez años de malos tratos no equivalen a las que lo hacen ante el segundo episodio violento.
Diferencia entre quien solicita ayuda coyunturalmente y quien lo hace después de muchos años “acostumbrada” a no reconocerse como víctima, ajena a la idea de sometimiento. No sabe que quiere decir esa palabra ni ese estado que le es propio y calcula que no solo es normal y natural y que todo dependen de ella, ese sentirse así y aceptarse maltratada.1
Vive en un estado de sopor, somnolencia y de abulia, y ha sido sacudido en alguna oportunidad por la violencia extrema del ataque ,la advertencia de familiares o una amiga y en ese momento habilita la palabra de queja que la conducirá a la denuncia, si por ejemplo nos llama al número telefónico 1372.
Es una mujer que se acostumbró a asociar al sujeto masculino con el golpe o diversas formas de violencia y eso permite suponer en ella una subjetividad aislada en tiempos lógicos tolerantes antes distintas formas de violencia desde la niñez y un fuerte temor a la soledad futura , con lo que se denomina pérdida del “sentimiento de sí.”
Comienza por describir al sujeto, que es quien actuó una descarga impulsiva. Alguien que salió de la escena de pareja regulada por la palabra para crear otra en conjunto con aquella mujer que convirtió en víctima. Suponemos que no puede contar los antecedentes de las palizas previas que silencia porque aquellas forman parte de “lo que habría quedado afuera” de su registro afectivo regulado por la desestimación de los afectos.
Es aquella que en la denuncia dijo “el no paraba de golpearme” como si recién se diera cuenta de la repetición de esos episodios que implicaban satisfacción para el varón. El pedido de auxilio se le enciende como algo nuevo, que la iluminara de repente y al mismo tiempo la deslumbrara. En este punto podemos encontrar el origen de la posterior retractación. Se deslumbró a si misma por lo que hizo, fue demasiada iluminación expuesta a través de sus palabras de denuncia.
Algo que la iluminara de repente pero en su historia personal ella carece de representaciones de lo que vivió, de representaciones de sí misma como víctima, producto de una historia de desvalimiento y carencia de afectos en la vida temprana. Lo cual constituye una clave en estas mujeres porque los afectos en la infancia son los que despiertan la conciencia de donde parten las posibilidades de representarse uno mismo y de representar el mundo que nos rodea,
Es decir, estamos frente a una persona en extremo estado de desvalimiento para quien la retractación parecería inevitable. No puede imaginar ni representar una vida sin el sujeto que la acompaña mediante sus malos tratos. La retractación en estos casos puede impedir un feminicidio pero también retractarse es una garantía de compañía con el estilo de vida que la acogieron desde la infancia.
Hay otras formas de retractación producto de advertencias de familiares que le muestran el paisaje de la vergüenza en el barrio y en la familia, porque no se trata de una separación sino de una denuncia. Y la denuncia siempre convoca la agitación del entorno alrededor de la denunciante y el qué dirán, que realmente existe.
Si alguien supone que las denuncias son el producto de una reflexión meditada y de la representación de la denunciante viéndose a si misma después de la misma podría equivocarse porque para innumerables personas encontrarse a sí mismas tercerizadas en su relación con otro, por el tercero a quien convocó la denuncia, policía o fiscal genera una imagen fantasmática. Ahora es ella y otro en el medio de su relación con la pareja. La denuncia adviene la condición de lo fantasmal, a pesar de tratarse de un texto escrito, pero es algo que adquiere eficacia porque un tercero la rúbrica y la conduce. La mujer al denunciar convocó un poder que no siempre podrá sostener y esta situación difícilmente sea percibida por los profesionales del derecho. Su profesión acoge la denuncia como un trámite cotidiano, necesario donde se juegan las cartas de dos contrincantes y deberá mediar como tercero incluido que consentirá o no con el trámite que la denuncia inicia. Es un avatar cotidiano y la retractación en los ámbitos de la violencia familiar implica un tropiezo, para la gente de derecho, innecesario
La mujer que se retracta es exiliada del derecho y queda en situación de frontera posicionada entre su protagonismo como víctima y la sospecha de falsedad por ensayar una denuncia.
Niega lo que afirmó por cierto y lo hace según quien ella sea.
El análisis de la retractación no puede realizarse sin el diagnóstico que rescate el origen de la negación dado que se niega, según la circunstancia, el psiquismo del sujeto acorde con su calidad de vida. Generalizar la retractación arriesga desconocer sus múltiples variables.
Se procede habitualmente de ese modo porque la retractación produce fastidio y vivencia de tiempo perdido en los profesionales que deben tramitarla.
La retractación produce el efecto burla en quien deberá asumirla como parte del discurso en una intervención que convoca la ley porque la denunciante modifica el inicio de la causa, es decir, conduce a los profesionales a desligarse de lo aprobado inicialmente, de lo creído en un comienzo. De allí la vivencia de haber sido burlado.
Porque entonces se presentó para mentir, para no decir la verdad. Sin embargo ella es una persona, “otro”, una otra, dicho técnicamente desde la Ética formal, con dignidad ética equivalente a la dignidad ética de quien recibe sus argumentos que en ese momento no pretenden ser engañosos. Lo que ella expone tiene pretensión de validez porque presupone que su verdad es aceptable por los otros miembros de la comunidad, en este caso un fiscal en una posición de asimetría hegemónica, y está dispuesta a dar razones y fundamentar lo que está diciendo.
Ella espera, en esa instancia de nivel pragmático, que el acto del habla sea subsumido por el reconocimiento del otro y así lo estima desde su condición de afectada a la que le compete el derecho a hacerse oír ( es lo que priorizamos en nuestra intervención mediante la Brigada Móvil de Urgencia y Emergencia ante Violencia Familiar).Y esperar consecuencias de sus palabras: la exclusión del hogar del violento como efecto de su denuncia , por ejemplo.
Pero durante el proceso de pedido de auxilio, la intervención de un Equipo que dialogará con ella y la trasladará a hacer la denuncia, su instinto de conservación según haya sido la historia de vida la conducirá a la repetición de la situación original, volver a vivir con el sujeto; de allí la retractación.
La paradoja se reconoce porque retrotraerse al Estado Anterior, que es un Estado asociado con la muerte, parecería opuesto al instinto de conservación, pero para ella, la muerte es el sinónimo de la soledad, sin el acompañamiento del sujeto violento.
La repetición, que implica volver a vivir con el sujeto ,le promete sobrevida dentro de lo conocido y se retracta, de allí un texto de Freud que menciona un instinto de muerte regulado por la repetición de lo conocido, la historia de su vida, aunque sea una trampa mortal .
Hay un instinto de conservación que la lleva a decir “si lo denuncio me mata o va a ser mucho peor. Entonces, niego lo que dije y retiro la denuncia” Pero volver a vivir con él, conservar esa vida, la somete a situaciones cargadas de muerte inclusive a feminicidios como efecto de la retractación al no persistir en la denuncia.
Mantener la denuncia en realidad y teóricamente sería un impulso de vida pero es en este punto donde se produce la inflexión: ella no se atreve y además conoce los riesgos de provocar al sujeto.
En el ámbito de las instituciones que se ocupan de violencia familiar, la retractación arriesga que se sume una tensión en el trámite, ya que tanto en la policía cuanto en algunas fiscalías, la mujer que se retracta genera malestar en el personal profesional. En oportunidades comentarios desagradables, críticos como si se esperase una compensación por el tiempo e inteligencia utilizados hasta el momento de escuchar la retractación. Algo así como una suma de dinero que se llama arras cuando se trata de contratos.
Pero la Ética actual, y la Ética de la Liberación de la mano de Levinas, de Enrique Dusell, de Stanley Kohen es muy clara al respecto “Yo estoy asignado por el deber ético porque soy responsable de ella. De tomar a mi cargo esta víctima” Y este tomar a cargo es anterior a la decisión de asumir o no dicha responsabilidad. El asumir la responsabilidad es posterior y ya está signada éticamente: si no asumo la responsabilidad no dejo de ser por ello responsable por la muerte del Otro que es mi/nuestra víctima y de la cual la victimización soy/somos causa cómplice, al menos por ser un ser humano asignado a la responsabilidad comunitaria de la vulnerabilidad compartida de todos los vivientes (…) Debo responsablemente tomarla a cargo y enjuiciar al sistema que la causa”.3

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