Victimización y pasaje puberal

Editado en ACTUALIDAD PSICOLOGICA  2001

Por Eva Giberti

Cuando ambas, la púber y su madre se sentaron frente a mi, supuse que la hija sería adoptiva. La notoria diferencia fisica con su madre, en particular el color de su piel morena, permitian conjeturar una consulta por adopción.

El primer párrafo de la madre marcó un discurso confusionante y persecutorio (del orden de lo paradojal), construido a partir de la “buena intención” y del autentico deseo de acompañar a su hija:

“La traigo porque no tiene amigas, porque la discriminan- comenzó diciendo . No la llaman por teléfono las compañeras de la escuela, ni los chicos, y raramente la invitan.Está discriminada porque es morocha. Ella es igual que el padre: mi marido que es salteño, muy buen mozo, bien morocho. Y ella salio a él.Es morocha como él.Le aclaro que la mandamos a una escuela del Estado, no va a un colegio privado.”El tono de este discurso traducía la preocupación materna, asi como el gesto de su cara. A su lado, una púber delgada,menuda, seria.

Mi primer ejercicio fue alertarme ante la inducción visual que significaba la diferencia entre las pieles de ambas mujeres capaz de conducir a un error en la apreciación de visu. . Al dia siguiente yo tendría una entrevista con un adoptivo adolescente, de 18 años y sus padres. Juan,el adolescente y yo habíamos trabajado durante varios meses ocupándonos preferentemente de su adopción. Recordé la primera entrevista cuando ,sentado entre ambos padres su presencia no sugeria una adopción. No habia rasgo fisico ni coloratura que permitiese imaginar un origen que no fuese biológico respecto de sus padres. El discurso parental era continente y aceptablemente esclarecedor respecto de la adopción. Mi asociación con este adolescente, tambien él desdichado, estuvo regida por sus dudas acerca del origen( no legal pero con conocimiento de la madre de origen por parte de familiares) .para juan se constituía como un núcleo desencadenante de sufrimiento ; tanto la púber cuanto el adolescente sobrellevaban una victimización susceptible de enlazarse en un problema que es posible encontrar en esta edad: la discriminación asociada con el origen capaz de generar padecimiento, en la púber proveniente de un factor externo que inferioriza su origen debido al color de su piel , en el varón, un deslizamiento de su Yo expresado mediante sus preguntas durante las sesiones :”¿Cómo llegaria a ser él, cual seria su físico futuro y a quienes se parecerían sus hijos”. Esta última una duda que los adoptivos actuales han comenzado a verbalizar con singular lucidez. Marca el fenómeno de externación, de proyección visual del propio futuro ya sea imaginando-sospechando-acerca de su cuerpo o sobresaltados por carecer de referente fÍsico que permitia conjeturar a quien se parecerá su descendencia (Giberti E. 1981).

El estigma que la victima sobrelleva¿por qué?:

Las víctimas son descalificadas y socialmente estigmatizadas, a punto tal que con frecuencia no denuncian debido a la vergüenza asociada con una vivencia que podríamos describir como culpabilidad. Cuando la púber llegó a la puerta de mi consultorio le dijo a su madre. “No le digas a la doctora que no tengo amigas”, dato que la mamá me transmitió en la entrevista personal que mantuve con ella. La vivencia de humillación / culpabilidad que impregna a esta púber la condujo a intentar silenciar el dato que constituía el motivo de consulta. La utilización de la palabra amigas, tanto por parte de la madre cuanto en el discurso de Laurita, sugiere “la transformación y el aplacamiento de la hostilidad que puede conducir a la diferenciación y los procesos de autoafirmación a partir de la consideración del propio deseo”(Maldavsky D.2000).Hostilidad que es preciso reconocer como tal ,en este caso respecto de las compañeras de escuela pero también la hostilidad materna implícita en la descripción acusadora “No tiene amigas”.

Por lo general-con los riesgos que implica generalizar- las víctimas temen mostrar, explicitar, denunciar el maltrato que padecen o padecieron en tanto y cuanto no sólo cuentan con la propia vivencia de impotencia y de haber sido denigradas, sino también temen la denigración social; esta combinatoria introduce la vulnerabilidad como variable reguladora de cualquier tramitación psíquica cuando se trata de adolescentes o púberes .

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La primera entrevista que mantuve con Laura abrió un espacio significativo para el padre: es el que la despierta cada mañana, el que la reta porque no se levanta rápidamente, el que-por ese motivo- es capaz de “ponerla mal” durante todo el día y el que “se mete” en todas las conversaciones que se suscitan entre ella, sus hermanas y su madre, para opinar y “no tiene por que meterse”.O sea, ajeniza al padre al que se parece fisicamente, y al que registra-sin verbalizarlo en esta oportunidad- como el causante de su desdicha.

Asociado a esta descripción que al mismo tiempo constituye una hermenéutica, se construye, social e individualmente , un hecho reiterado e instituyente del estatuto del ser victima:

Vivencia de peligro frente a la victima

La víctima produce miedo y angustia (inclusive en quienes deben tratar profesionalmente con ella, distinguiéndose aquellos que se entrenaron psicologica y técnicamente para hacerlo, pero que no obstante deben asumir los riesgos del burn out en ciernes (Giberti E. 1999) porque encierra peligrosidad: no es casual que Girard(1972) haya incluído en su tesis la presencia del chivo expiatorio . Para los padres de esta púber, ¿ella se convertiría en alguien peligrosa? Si ajustamos los bordes de ambigüedad que la polisemia desata, podemos suponer que la peligrosidad de esta púber estuvo dada por la reacción de los padres que estimaron pertinente consultar acerca de la “autoestima” de la hija. La madre fue explícita: ” Laurita no tiene autoestima”. Registro parental que en la actualidad puede considerarse un riesgo vital. La madre describió cuidadosamente las actividades de compañeras de su hija preocupadas por los bailes, la ropa, los chicos y la silueta, mientras Laurita todavia jugaba a la pelota y hacía cosas “de nena”,a menudo torpes y violentas.

¿Entonces, qué es lo que la torna peligrosa? Ser una perdedora respecto de quienes la victimizan , compañeras de la escuela cuya existencia como victimarias se descubre dada la presencia de la victima. Al mismo tiempo que la convierte en peligrosa para el esquema de puber-adolescente que la familia propicia y que debería expresarse según la canonica actual. Maxime si Laurita, en una entrevista vincular con la madre describió la injusticia que implica no dejar “ir a bailar” a su hermana mayor, de quince años. Si tenemos en cuenta que las matinés a las que concurren chicos y chicas entre 11 y 13 años, podrían contar con la presencia de Laurita (en caso que la autorizaran), su peligrosidad social-familiar reside en que no le interesa bailar. Asi como aparece como peligroso para sus padres el no tener una “amiga del alma” y que sus compañeras y compañeros no la convoquen telefónicamente.

Los discursos de la discriminación

“Si aceptamos que el discurso del odio es ilocutivo, aceptaremos igualmente que las palabras efectúan injurias inmediata y automáticamente, que el mapa social del poder también lo hace, y que no estamos en la obligación de detallar los efectos concretos que el discurso del odio produce. Lo dicho no es en sí mismo lo hecho, pero puede conducir a que se haga un daño que debe ser contrarrestado. Mantener el hiato entre el decir y hacer, por muy difícil que sea, significa que siempre hay una historia que contar sobre el cómo y el por qué el lenguaje hace el daño que hace.ª

Judith Butler, en Soberanía y actos del habla performativos .

En la entrevista con la madre le pedi que repitiera las palabras que habia pronunciado para describir el motivo de consulta: “Laurita no tiene amigas porque la discriminan, porque es morocha, y yo misma la llamo Negra o negrita”. (exclusión persecutoria)

Señalé: “Entonces si no tiene amigas porque es negrita y efectivamente lo es, Laurita es la responsable de la discriminación”. Se quedó pensando, absorta. Pregunté:¿Qué sucedería si desde un primer momento le hubiesen dicho

:” vivis rodeada por compañeras ignorantes, que forman parte de un mundo que no tolera las diferencias, porque es gente insegura que precisa encontrarse con personas que sean todas iguales. Entonces vas a tener que defenderte de la ignorancia y explicarles que lo que ellas hacen se llama discriminación,Y que discriminar significa violar la ley?” (criterio normativo deontológico)

Me contestó:” Debíamos haberle dicho eso. No nos dimos cuenta que nosotros estábamos acusándola a ella por la fata de amigas…”

La pareja parental al gestarla, reprodujo el color de la piel del padre. Con el ingreso en la escolaridad surgieron las complicaciones que motivaron la consulta, esperando que Laurita resuelva por sus medios esa situación .Una de las herramientas para que ella comprenda que es víctima de una injusticia, está localizada en el discurso familiar , pero para construírlo es preciso que esa familia se atreva a posicionarse frente al prejuicio racial; la púber verá cómo instrumentarlo. Hasta el momento Laurita se acoge a la discriminación, como si fuese lógica, aceptación fortalecida por el discurso materno: “La discriminan porque es morocha…” En lugar de explicarle que la discriminan quienes violan la ley. O sea, que el problema reside en esa gente y no en el color de su tez.

La primera entrevista con la púber aportó el material que traducía el riesgo en el que ella estaba involucrada: justificó la discriminación “Ahora no me dicen que soy negra” ( no obstante asi se la continuaba tratando en la escuela), sino que “me separan del grupo porque, claro…las chicas ya hicieron su grupo y al principio yo no formé parte ….Entonces el grupo ya esta formado. Es lógico que a veces me digan: vos andate porque tenemos que hablar de nuestras cosas…porque yo no estuve en un principio…”. Dada la posición de Laurita como segunda hija, es posible interpretar según dicho posicionamiento vincular: al llegar-nacer fue comparada con su hermana mayor que se parece a la madre y, debido al color de su piel, “quedó afuera” de este grupo familiar. Tal vez el primer momento en el que , al decir de Silvia Plath(1985) “Sentí el muro de mi piel.”Sin embargo privilegio el comportamiento de las otras alumnas que dramatizan la etapa de los secretos entre grupos, hasta llegar a funcionar como redes, que, aunque pueriles todavia, tienen la pretensión de ser importantes, pretensión avalada por el poder que ejercen sobre una compañera.

Es un crecimiento a costa de alguien a quien excluyen. Es una lógica ligada con el narcisismo que se potencia en el deseo de dañar a otro /a mediante el secreto de información , que importa por el valor que ellas le dan. No cuentan gratis sus cosas.

El acomodamiento a la discriminación aparece en la plenitud de su eficacia, buscando y encontrando razones y argumentos para negar la violencia y acomodarse adaptativamente a ella. Incrementando el circuito de dicha violencia discriminatoria y favoreciendo la naturalización de la misma.

Tanto en la historia de Laurita, cuanto en la de Juan (hijo adoptivo mencionado en el comienzo de este artículo) está en juego la vergüenza por el origen; esta articulación instala el ámbito de las victimizaciones sociomorales , mas refinadas y encubiertas. En la historia de Laurita aparece desencadenada por estímulos externos, en la historia de Juan, por sus reflexiones acerca de su futuro, su progenia y su propio desarrollo físico (Giberti 1981-1996).

Humillación y vergüenza

Los/as adolescentes advierten que precisan entrenarse ante el sentimiento de humillación que los torna vulnerables porque sienten que existe una falla en el respaldo por el origen . Vivencia que puede aparecer cuando en el origen surge un retroceso: cuando sus padres pierden o disminuyen su posición económica y ellos deben retroceder en sus aspiraciones, en sus logros y en sus disfrutes: se pierden las vacaciones, no cuentan con dinero para concurrir a festivales, etc.

La humillación asociada con el registro de un origen que se desconoce (adoptivos, hijos de fertilizacion asistida con donantes NN) puede desembocar en actos autohumillantes protagonizados frente a sus pares y en determinadas circunstancias adquiere categoria de ceremonia y de ritual (Maldavsky 2001 ). Se lo reconoce en la escena que dramatiza Laurita con sus compañeras de colegio, cuando en el recreo ella debe salir del grupo dentro del cual está conversando, para dirigirse a otro extremo del patio, mientras las demás esperan que ella se aleje para hablar de “sus cosas”. Ella precisa ignorar el ataque discriminatorio del cual es víctima ,del cual intenta defenderse erróneamente, mediante un código argumentativo que la coloca en posición de merecedora de dicha exclusión persecutoria. La frase: “No soy necesaria para ellas” rubricó la afirmación de su sufrimiento más allá de sus argumentos acerca de la conformación inicial del grupo. A la vez que valoriza el origen de dicho grupo, en el cual ella no estuvo (porque ya estaba discriminada), el retorno al conflicto con el origen queda evidenciado, desde otra perspectiva.

Además de esta alteración de los contenidos de los códigos que están en juego, Laurita tiende a entristecerse , según el comentario materno, en lugar de defenderse de los ataques. Esta defensa arriesga un futuro de sometimiento y de sacrificios a quien la discrimina, para transformarse en necesaria: es decir, una distorsión del código del amor. Interpreta como desamor – y ella mismo se siente incapaz de generar amor a sus amigas – lo que en realidad constituye no solo injusticias contra ella, sino delito.

Juan, según su narración, en reiteradas oportunidades, y antes de comenzar su tratamiento, protagonizaba crisis de angustia ante sus compañero, “de tristeza inexplicable”me decía, y comenzaba a llorar en el colegio o en reuniones con amigos, esperando que estos lo consolaran. Que tuvieran piedad por él, intentando impedir la exclusión y la discriminación que, sin concientizarlas, temía. Ser adoptivo lo tornaba merecedor de discriminaciones y de exclusión, según su vivenciar sus dudas acerca de su origen. Los llantos ante sus compañeros sustituían la furia que en reiteradas oportunidades lo condujo a generar escenas de extrema violencia contra sus padres adoptivos ;furia asociada con la imposibilidad de saber quién “realmente” era él.

Su continua afan por conectarse con sus compañeros , su lealtad hacia ellos, sus continuos encuentros para bailar, conversar, hacer música, bolichear, ofrecer su casa para que sus amigos se reuniesen en ella sugería su necesidad de ser aceptado, amado y reconocido como alguien valioso.

Con su tendencia a dar , ofrecer su casa, estar siempre disponible para sus amigos probablemente encubra su hostilidad y su resentimiento debido a que , aunque no lo haya verbalizado, considera la adopción como una posición desventajosa. Juan juega con una apariencia diversa respecto de Laurita, como si dijera a sus compañero “Abusen de mi, tomen lo mío, simulando que me quieren.” Procedimientos que se asocian con una tendencia al sacrificio y a la renuncia. En el historial de Juan, sus procedimientos coinciden con la descripción de Maldavsky(2000): “Al ceder sus posesiones, ,esperan de los receptores amor y reconocimiento,pero en lugar de ello se encuentran con la permanente voracidad sin retribución en algunos casos(según quienes sean sus destinatarios) y con una práctica usurpatoria, egoísta y sorpresiva en otros”

La escena vergüeza – discriminación

Como si la púber -que no se siente necesaria para el grupo de compañeras- si se sintiera necesaria para estar afuera del grupo, pero como una manera de estar-adentro-para-ser-echada. Mecanismo asociado con el posicionamiento comprensivo de Laurita: ella “entiende la lógica del grupo” y la justifica . Comprensión que sustituye el cuestionamiento de las conductas de sus compañeras. Lo cual parece posible quizás debido a la relación que ella tiene con su ideal y con los ideales maternos, si tenemos en cuenta el discurso de la madre. Más aún, en territorios de las conjeturas podría suponerse que el color de la piel de esta púber, asi como el “no tener amigas porque la discriminan” convoca vergüeza materna.

Para que exista discriminación precisamos el funcionamiento de determinadas topologías psíquicamente posicionadas : se necesita un grupo de personas inseguras:la adolescencia es paradigmática dado que se busca en quienes proyectar las propias vergüenzas e inferioridades. Es probable que la vergüeza por el origen se produzca habitualmente en la adolescencia, dado que como sabemos, son hijos/as de gente estúpida, incapaz, atrasada, incompetente, los padres, en síntesis. Ellos se alejaron de sus casas y comenzaron a evaluarla con otros ojos, exceptuando a quienes se sienten orgullosos de su pertenencia (que podria, en oportunidades, posicionarse como formación reactiva).

Se trataría de un estado generalizado ,con una notoria sensibilidad por el origen asociados vivencialmente con la(s) vergüenza(s), particularmente acerca del origen. Por su parte,los padres, actualmente, anticipan una vergüenza posible debido a sus dudas respecto del proceder de sus hijos/as: podrían dejarlos “mal parados” mediante determinadas conductas. O sea, en este ciclo etario (pubertad -adolescencia) es posible preveer un circuito en el que se intercambian diversos estilos y contenidos del sentir vergüenza.

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Se lo advierte en la entrevista con Laurita y con su madre: el aprendizaje cuyo contenido proviene de un discurso familiar facilitador del incardinamiento de la discriminación que otros/s generan y que podemos suponer se enriquece por gestos y silencios en las familias. O sea, la estructura vincular de la discriminación :”Yo la llamo Negra” dice la madre.Lo que permite imaginar que habrá otros niveles de transmisión de la insatisfacción materna por las características físicas de Laurita.

Los textos que continúan constituyen un segmento del marco teórico utilizado

La discriminación como mecanismo

La práctica de la discriminación se ha naturalizado de modo tal que actualmente forma parte de los modelos de pensamiento que desarrollan algunas de sus víctimas logrando la aquiescencia de sus protagonistas, convencidas de su inferioridad. En el historial de la púber se trata de una discriminación de índole étnica o cultural. Esta púber forma parte de las mujeres excluídas debido a su etnia, discriminación que sobrellevan las etnias latinoamericanas , aborígenes, capaz de generar espacios vedados .

Cabe matizar el concepto de exclusión en relación con la idea de injusticia cultural, subrayando el componente moral que se involucra por parte de quienes la denuncian. Referirse a la exclusión demanda el ejercicio de criterios normativos que, en el trato con esta familia, constituyeron una guía deontológica (entrevista inicial con la madre), mediante la cual categorizo la discriminación como parte de una exclusión persecutoria. Que forma parte de una injusticia cultural.

Conceptualización de la victima (Giberti 1998)

Placer del victimario y desvalorización de la víctima

En la sintesis de historiales que enuncie – en realidad comentarios acerca de entrevistas – pretendo exponer algunos efectos de la vergüeza que se producen en la pubertad y en la adolescencia como afecto asociado con los origenes

(engendramiento-nacimiento en su dimensión de coyuntura asociada con el tiempo cronológico). Uno de tales efectos es el posicionamiento como víctima, ya sea concientemente abarcado (y luego desmentido) ,debido a la mediación discriminatoria del grupo de compañeras, como se advierte en Laurita; o no concientemente registrado pero interpretable como tal(Juan).
BIBLIOGRAFIA :

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GIRARD R. (1972) : LA VIOLENCE ET LE SACRÉ ; P.U.F. Paris

MALDAVSKY D. ( 2000): LENGUAJE, PULSIONES, DEFENSAS, Nueva Visión

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PLATH S. (1985): Ocean 12-12W, en Couzyn J.(compiladora),CONTEMPORANY WOMEN POETS, Newcastle upon Tyne,Bloodaxe Books.Ltd.

NOTAS

(*)No incluyo la diferencia entre violencia estructurada y violencia estructurante

Derechos Humanos.
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